Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas han sido los grandes beneficiarios de la relocalización de manufactura que siguió a la pandemia y a la guerra comercial entre EUA y China. Sin embargo, la euforia del nearshoring tiene grietas que conviene analizar antes de celebrar.

El primer problema es la concentración sectorial: más del 70% de la IED en el Noreste se concentra en autopartes y electrónica. Si cualquiera de esos dos sectores enfrenta una contracción —como ya ocurrió con los semiconductores en 2023— la exposición regional es enorme.

El segundo problema es la infraestructura. Las plantas llegan más rápido que el agua, la electricidad y las carreteras que las sostienen. Monclova y Ramos Arizpe ya reportan cuellos de botella en suministro eléctrico que están retrasando proyectos.

La oportunidad real

El nearshoring es una ventana, no una solución. La región tiene entre tres y siete años para diversificar su base industrial, invertir en formación técnica y resolver los rezagos en infraestructura antes de que la ventana comience a cerrarse.