La aprobación de la semana laboral de 40 horas es, sin duda, un avance para los trabajadores formales. Pero como toda reforma, tiene ganadores claros y costos que vale la pena nombrar con honestidad.

Los que ganan: trabajadores asalariados en el sector formal, principalmente en manufactura, servicios financieros y gobierno. Para ellos, la medida representa tiempo real para la familia, descanso y actividades productivas fuera del empleo.

Los que pagan: las pequeñas y medianas empresas en sectores con márgenes estrechos —restaurantes, comercio, servicios personales— que tendrán que absorber el costo de las horas adicionales o contratar más personal.

El riesgo real no está en las grandes corporaciones, que ya operaban con jornadas más cortas en la práctica. Está en la cadena de PyMEs que sostiene la mayor parte del empleo informal y formal del país.