Mientras los titulares siguen al precio de la tortilla y al tipo de cambio, Coahuila enfrenta silenciosamente una de sus crisis más serias: el nivel de la presa La Amistad, que abastece a buena parte del estado, está al 34% de su capacidad, el punto más bajo desde 2012.

La situación no es un fenómeno puntual. Desde 2018, el estado ha tenido cuatro años con precipitaciones por debajo de la media histórica. El cambio climático está rediseñando el patrón de lluvias del semidesierto coahuilense de una manera que los sistemas de gestión hídrica actuales no están equipados para manejar.

La solución no es sencilla ni barata. Requiere inversión en infraestructura de captación, tarifas que reflejen el costo real del agua y una cultura de uso eficiente que todavía no existe en la región.